Del MVP al MLP… cómo enganchar al usuario desde la primera vez.

Estuve leyendo un montón cuál es el siguiente paso para conseguir el mejor producto digital y encontré este concepto que me encantó… cómo pasar del Mínimo Producto Viable al Mínimo Producto Amable. 😍

Todos los que trabajamos en tecnología conocemos el concepto de MVP (Minimum viable product o Producto mínimo viable, en español), una pieza clave de las nuevas metodologías ágiles. Se define como “un producto con suficientes características para satisfacer a los clientes iniciales y proporcionar retroalimentación para el desarrollo futuro”.

Se trata de la versión más reducida (una o pocas funcionalidades básicas) de un producto real que puede liberar. Deberá aportar suficiente valor a los usuarios iniciales para que estos lo adquieran. De ellos se obtendrá feedback (a través de diversas fuentes: adquisición del producto, opiniones, métricas de uso…) para mejorar el producto y hacerlo crecer junto a las necesidades reales de los usuarios.

Esta técnica de desarrollo, que popularizó el autor de Lean Startup, ha sido ampliamente adoptada por el resto de metodologías ágiles, especialmente Scrum, llegando a un modelo de desarrollo evolutivo en el que se hacen pequeñas entregas, se validan y se mejoran. Todo esto sin dejar de avanzar hacia la visión final del producto. El MVP ha acelerado el desarrollo y lanzamiento de nuevos productos digitales, optimizando los costos y dando a los equipos de desarrollo mayor capacidad de reacción.

En resumen, el MVP tiene muy buenas intenciones y es una técnica:
– ¿Barata? Sí.
– ¿Rápida? Sí.
– ¿Que genere grandes productos? Normalmente no.

¿Qué le pasa al MVP?

Partiendo de ese mínimo viable, se dejan fuera de la definición y su propuesta de valor aspectos que van más allá de lo funcional y que afectan críticamente a la experiencia de uso llegando en los peores casos a ser la excusa para liberar versiones superadoras.

El MVP se centra en dos aspectos:

  • “Fallar pronto”, llevado al extremo.
  • Las funcionalidades como el centro de todo.

Pero el fallo está en que es un planteamiento incompleto. Olvida que un producto no sólo tiene que funcionar (sin eso no anda apagá todo y nos vamos), si no que tiene que enganchar a los que lo usan.

Salvo excepciones que hagan algo único, cosa que no dura mucho, “funcionar” no es suficiente. Ya hay miles de productos que funcionan (si tenés hambre, una lata de comida para gatos funciona, pero no está bueno). Un producto debe ir más allá, tiene que enamorar, emocionar, enganchar a los usuarios. Estos esperan productos que alcancen sus estándares de calidad. Y en el mundo digital, donde todo es competencia de todo, estos estándares los marcan Apple, Netflix, Instagram, Twitter, AirB’n’B… y, de alguna manera, serás comparado y competirás con ellos.

Y así es como llegamos al

o Mínimo producto amable ❤️(MLP), que puede definirse como “la versión de un nuevo producto que recibe la máxima cantidad de amor de sus primeros usuarios con el mínimo esfuerzo”. Y deberíamos entenderlo como una evolución del MVP.

Este concepto fue propuesto, por primera vez, por Brian de Haaff (en 2013) y luego ampliado por Laurence McCahill a finales de 2014 en una charla del UX Café de Londres, que a su vez convirtió en un post.

Para poder llegar al M❤️P necesitamos tener una propuesta de valor bien definida, entender a nuestros usuarios potenciales y conocer cuáles son sus necesidades. Y resolver al menos una de manera brillante. Si conseguimos eso, tendrás un cliente fidelizado, habrás entrado en su cabeza y te buscará para que le soluciones el resto.

Imaginate una primer salida ¿querés causar una excelente impresión? 😏. El objetivo es seducir a la otra persona, no ser alguien más, que vea algo que le enganche, se meta en su cabeza y haga que piense: “Quiero más”.

Con los productos pasa lo mismo, pero con mayor crueldad, los usuarios van a decidir rápidamente si tu producto les gusta o no y si lo descartan, es casi seguro que no vuelven más. Lo podes ver en múltiples estudios que demuestran que la mayoría de apps instaladas en nuestros celulares terminan olvidadas en cuestión de días.

Debemos crear productos que emocionen 👌🏼

Tenemos que entender que cada entrega que hagamos, cada nueva versión de un producto, es una oportunidad de lujo para impresionar y enamorar a nuestros usuarios.

Y es aquí donde el diseño, uno de los grandes perjudicados por los MVP, puede aportar ese valor. Solo al mirar empresas centradas en el usuario desde el diseño se puede entender que estamos ante un elemento diferenciador y que son productos en los que el impacto emocional en los usuarios se tiene en cuenta a la hora de definir cualquiera de ellos.

Mira este ejemplo de MVP 🥸 vs MLP ❤️

Es comida, es dulce, podríamos considerarlo igual pero, por razones obvias, la imagen de la derecha parece más rica. Su primer impacto es mayor, transmite sensaciones diferentes y esto es una ventaja diferencial que se debe aplicar a los productos digitales.

Hacer un M❤️P puede ser algo más costoso en esfuerzo y tiempo que un MVP pero con una buena investigación que ayude a descubrir los fallos que a la larga serán mucho más beneficiosos porque nuestro producto se percibirá más completo, aportará más valor y tendrá más enganche con nuestros usuarios.

¿Y ahora qué hacemos?

Es necesario un cambio de mentalidad para poder competir contra las grandes tecnológicas y el resto de amenazas que tenemos por delante. Tenemos que dejar de afrontar el diseño de productos centrados solo en una de las capas del mismo para avanzar verticalmente hacia un nuevo enfoque donde atacamos todas a la vez, aportando el valor de cada una desde el principio y haciendo hincapié en el impacto emocional y deleite de uso.

En resumen, si las empresas y sus productos quieren sobrevivir el MVP no es suficiente, es necesario evolucionar hacia el M❤️P, ese es el futuro.

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